CENTROS JÓVENES PARA LOS NUEVOS MAYORES
Los días 28, 29 y 30 de noviembre/11, se celebraron en el Museo de la Cuidad de Madrid, como cada año, las VIII Tornadas Técnicas de la Dirección General de Mayores y Atención Social, organizadas en colaboración con Obra Social Caja Madrid, en esta ocasión con el título Centros jóvenes para los nuevos mayores.
La inauguración de las jornadas contó con la presencia de Dña. Pilar Dávila del Cerro, Coordinadora General de Atención Social e Igualdad del Área de Gobierno de Familia y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid y de Dña Mª Fernanda Ayán San José, Directora del Área de Acción Social y Asistencial de Obra Social Caja Madrid.
En estas jornadas, todo giró en torno a los centros de mayores, su nacimiento y evolución hasta convertirse en lo que son hoy, centros sociales de convivencia que contribuyen al envejecimiento activo.
Se reunieron en estas jornadas técnicas más de 300 participantes, y a través de 19 ponencias y 16 comunicaciones, se han debatido numerosas ideas, experiencias y proyectos. Han participado ponentes de organismos municipales del ámbito autonómico, nacional y diferentes entidades privadas que trabajan en servicios hacia el mayor, además de universidades y asociaciones.
El resumen de los temas que fueron tratados durante estos días, se recogen en unas conclusiones, cuya lectura en el acto de clausura de las jornadas, fue realizada por Dña Laura López de Cerain Salsamendi, Directora General de Mayores y Atención Social del Ayuntamiento de Madrid, que se transcriben en las siguientes líneas.
CONCLUSIONES:
Estas Jornadas Técnicas han sido posibles gracias a la generosa participación de 40 profesionales que trabajan en programas y centros de mayores desde instituciones públicas, entidades privadas, asociaciones y universidades en toda España.
A lo largo de estos tres días hemos tenido ocasión de tratar los principales temas relacionados con los Centros de los mayores.
Gracias a Miguel Gil conocimos el origen de los hogares y clubes de jubilados o tercera edad en los años setenta, al amparo de la ley de bases del 66, del Servicio de Asistencia a los Ancianos, ligado al Sistema de Seguridad Social, y del Plan Nacional de la Asistencia a ancianos de 1971. Este primer Plan contemplaba la atención a las personas mayores de 60 años, cuyas circunstancias eran desde luego muy diferentes a las actuales, propiciando que estos centros se convirtieran en un lugar de convivencia, supliendo las carencias de muchos hogares (recordemos que casi el 70% carecía de calefacción), y favoreciendo las relaciones sociales, la atención social y las actividades recreativas.
En ese recorrido histórico, se recordó el traspaso de competencias a las Comunidades autónomas, el Plan Gerontológico nacional del 92, del que se hicieron eco otros planes similares aprobados por diferentes Comunidades. Este recorrido culmina en el reciente Libro Blanco de envejecimiento activo, donde se propone adaptar estos centros al perfil actual de los mayores, fomentando su participación y convirtiéndose en centros de referencia en el impulso del aprendizaje a lo largo de la vida.
En cuanto a la situación en estos momentos, la evolución no ha sido solo normativa sino también de crecimiento en el número de centros. En la actualidad hay en España 4.149 centros de los que son socios el 41,6% de las mayores de 65 años (3.237.300), con una presencia femenina mayoritaria en todas las Comunidades. Los datos aportados por el Observatorio de las Personas Mayores del IMSERSO muestran importantes disparidades entre regiones en los ratios de cobertura e incluso en los servicios y actividades ofertadas.
La normativa en cuanto a las características arquitectónicas de los centros, con ser amplia, puede no ser suficiente para garantizar la accesibilidad de las personas con dificultades de movilidad o sensoriales, lo cual nos obliga a tener presente que en el diseño de los centros debamos exigir la "accesibilidad para todos".
La búsqueda de indicadores de calidad está más que justificada, indicadores que nos permitan evaluar, medir y compararnos con otros, no sólo a través de indicadores de proceso, sino también de resultados.
Respecto de las actividades, se programan en general a partir de las demandas de los socios que son semejantes en distintos territorios, siendo las más solicitadas y satisfactorias las que tienen que ver con la salud psico-física (ejercicio físico, memoria), aunque también la demanda se induce gracias a la apuesta por la innovación de los profesionales.
Un punto importante es que este tipo de actividades no necesariamente han de llevarse a cabo sólo en los centros de mayores, sino que tienen cabida en centros cívicos, polivalentes, añadiendo visibilidad a la capacidad de aprendizaje de las personas mayores y ayudando a vencer los estereotipos.
En cuanto a los requisitos de acceso, tienen una condición común, la edad, algo que es muy cuestionado o empieza a ser cuestionado, sobre todo porque existe una enorme evidencia sobre la eficacia de medidas que favorecen la intergeneracionalidad, no sólo en actividades concretas, sino también en los centros abiertos o compartidos.
La catedrática Dª Rocio Fernández-Ballesteros nos habló del edadismo y de la representación social de los mayores como personas poco competentes pero amigables, representación que cala de manera transversal en toda la sociedad, incluyendo a los profesionales que con sus convicciones pueden convertirse en una fuente de refuerzo de este estereotipo o ayudar a vencerlo. La simple denominación genérica "mayores", en lugar de "personas" o "ciudadanos" no es más que otro ejemplo de discriminación por edad que por fortuna va neutralizándose.
En cualquier caso, es evidente que los usuarios de los centros de mayores han cambiado, como reflejo de lo ocurrido en la sociedad desde que comenzaron a implantarse. Si hace 20 años hablábamos de personas con bajos ingresos, nivel educativo escaso, poco hábito de ocio, varones que pasaban muchas horas en los centros viendo la televisión o echando la partida..., hoy contamos con mejores ingresos e indudable mayor educación, mucho tiempo por delante, y enormes deseos de hacer algo gratificante. Eso significa, entre otras cosas, que el tiempo que pasan en los centros es menor porque acuden a él por su oferta de actividades.
Además, fruto de la evolución social, la presencia femenina se ha incrementado enormemente, aunque posiblemente también los cambios en la oferta de los centros han propiciado esta feminización ya que las mujeres son mucho más participativas en todas las actividades, aunque tienen una menor presencia en los órganos de representación.
Por ello cabe preguntarse si la estructura cambiante de los socios es realmente reflejo de la sociedad y, si no lo es, cuáles son las razones que propician la discriminación de los otros mayores. Nos referimos a aquellos que pudiendo acudir no van y también a los que por diversas razones son excluidos.
En la mañana de hoy hemos tenido ocasión de escuchar experiencias municipales y la experiencia de la ONCE, Vicente Rodríguez nos ha avanzado las principales líneas de investigación en el ámbito europeo.
En definitiva hemos conocido en estas jornadas experiencias y apuestas interesantes, unas ya en práctica, otras incipientes, pero todas capaces de hacernos reflexionar sobre el modelo actual de centros.
Para la reflexión nos quedan algunas ideas:
• ¿Cómo deben dirigirse los Centros: dirección técnica o autogestión, juntas directivas o comisiones?
• ¿Los Centros deben ser lugares recreativos o potenciadores de la autonomía y el envejecimiento activo?
• ¿Qué actividades deben programarse, sólo actividades más tradicionales demandadas por los socios, o nuevas actividades aunque a priori no tengan tanta demanda?
• ¿Cómo deben ser los Centros: cerrados o abiertos, exclusivos o intergeneracionales? ¿para todos? ¿qué todos?
Como conclusión, me gustaría destacar, que los Centros deben seguir impulsando estrategias de envejecimiento activo, que potencien los programas de voluntariado y la participación social, a partir del concepto que el envejecimiento no es un problema sino una realidad que puede convertirse en una oportunidad.
Finalmente quiero agradecer a la Obra Social Caja Madrid, al Museo de la Ciudad (Área de las Artes), a los técnicos de la Dirección General y de los Centros de Servicios Sociales, a los Coordinadores de mayores, a los ponentes y a todos ustedes por su participación y asistencia.




